martes, 8 de septiembre de 2015

La salud laboral en el ámbito docente.

El buen desempeño de nuestra actividad como docentes requiere que reflexionemos y actuemos sobre el concepto de salud, al que debemos considerar no sólo como ausencia de enfermedad, sino como el propio de la persona que goza de un estado de bienestar general: físico, psíquico y socialLa calidad del servicio que prestemos al ciudadano en buena medida ha de estar relacionada con el buen estado de salud laboral de que disfrutemos. Es esencial, por tanto, que desarrollemos hábitos y costumbres laborales sanos y que valoremos éstos como uno de los aspectos básicos de la calidad de vida, al mismo tiempo que es preciso rechazar aquellas pautas de comportamiento que no conducen a la adquisición de un bienestar físico y mental. El Ministerio de Educación debe ser el primero en valorar la salud docente en esta búsqueda de condiciones que prevengan y mejoren la salud laboral de las personas que están a su servicio, para que éstas, a su vez, trabajen en las mejores condiciones con los ciudadanos y, al mismo tiempo, la previsión debe acompañarse con la estricta vigilancia de las condiciones de salud y con una evaluación permanente de los riesgos que conllevan el trabajo diario.
Esta Guía ( para descargar) tiene la finalidad de dar a conocer aquellas cuestiones más importantes sobre salud laboral que nos pueden ayudar a todos a prevenir los riesgos, modificar las conductas no saludables y fomentar los hábitos seguros en el trabajo a la vez que nos recuerda la legislación que ordena estos asuntos. La prevención que nos incumbe a todos, la ley que nos obliga y la actitud positiva que debemos generar harán posible, a buen seguro, una mejora en la calidad de nuestro trabajo y las prestaciones que, con el mismo, hagamos la sociedad.
Nota: lo que corresponda a legislación corresponde al ámbito del Estado Español, sin embargo, en todo lo otro nos es útil para nuestra salud docente.
Descargar pdf: La salud laboral en el sector docente por Alfonso A. Calera y otros.
Imagen: lavoz.com.ar

lunes, 3 de agosto de 2015

¿Qué hacer para tratar las enfermedades causadas por el trabajo?

Elaboraciones de Inclusión y Calidad educativa

 Si bien estas recomendaciones no son una solución definitiva, son consejos que deberíamos tener en cuenta.
Lo primero que se debe hacer es reconocer que el problema existe y comenzar a emprender medidas encaminadas a controlar ansiedad y estrés, tales como:
Mejorar la alimentación. Ingiere dieta rica en verduras, cereales y fruta, y evitar comidas de difícil digestión (ricas en grasas, aceites y harinas refinadas) que sobrecarguen al organismo y generen consecuencias negativas a mediano y largo plazos, como obesidad. Procura contar con tiempo para comer y romper por un momento con la presión de las actividades profesionales.
Descansar. Dispón de horas y días para reponer energías y entretenerte, es una necesidad. Es vital dormir lo suficiente (entre 7 y 8 horas diarias), tomar vacaciones y descansar los fines de semana sin llevar las preocupaciones o papeles de la escuela o tareas para corregir a casa y fomentar las relaciones sociales.
Practicar ejercicio. Realiza algún deporte o actividad física para relajarte o reforzar los lazos afectivos con las personas que te acompañen. Recuerda que el ejercicio ofrece la posibilidad de hacer nuevas amistades, eleva la autoestima, permite controlar el peso corporal, fortalece al organismo y refuerza el funcionamiento del corazón, entre muchas otras virtudes. De acuerdo con especialistas, se recomienda cuando menos caminar 30 minutos al día para observar beneficios.
Optimizar la organización. Ordena tus actividades y respeta los tiempos establecidos para trabajo y descanso. Para lograrlo es muy importante dar su justo valor a las responsabilidades y a la puntualidad, pero también a la comprensión sabia de que no siempre se puede hacer todo lo que deseamos y de que existen percances fuera de nuestro alcance (tráfico, descompostura del automóvil) que generan retrasos y cancelación de citas.
Solucionar problemas a la brevedad. Dejar pasar las situaciones que nos preocupan genera ansiedad e incertidumbre al no saber qué ocurrirá; lo mejor que se puede hacer es afrontarlas a través de decisiones tomadas siguiendo un proceso lógico (puede hacerse anotando los pensamientos en una hoja de papel): plantear el problema, analizar las alternativas que hay (pros y contras) y elegir la solución más conveniente.
Alimentar la autoestima. Cuando algo salga mal reconoce los errores, analizarlos y corregirlos, pero sin caer en reproches y autocastigos. Es justo querernos y tratarnos bien.
Activar la convivencia. Una relación cercana con la pareja, amigos, familia y compañeros de trabajo crea una red afectiva sólida que ayuda a disminuir el impacto del estrés, debido a que es más sencillo tener a alguien con quien hablar de los problemas cotidianos y compartir las emociones, buenas o malas. Igualmente, es conveniente reforzar una conducta positiva con las personas de nuestro entorno mostrando interés hacia lo que hacen o piensan, sonriendo, teniendo algún detalle y ofreciendo buena disposición para compartir y escuchar lo que les ocurre. Acudir a reuniones sociales y fiestas también es de utilidad.
Aprender técnicas de control. Practicar la relajación de manera periódica durante los momentos de tensión es muy valioso, pues contribuye a aclarar los pensamientos y a evitar estragos en el organismo. También es de utilidad leer algún buen libro de autoayuda que enseñe a eliminar pensamientos erróneos e ideas irracionales.
La idea esencial consiste en mantener la calma para evitar estragos en el organismo y en el comportamiento, incluso para tener la serenidad de pensar, cuando hay acoso laboral o exigencias desmedidas, en la posibilidad de acudir a instancias legales encargadas de regular las condiciones de trabajo.
Finalmente, es recomendable que en caso de tener dificultad para controlar el estrés se acuda a un psicólogo o psiquiatra, quien podrá ayudar a recuperar el bienestar y su salud.

Gripe del yuppie: síndrome de fatiga crónica.

Elaboraciones de Inclusión y Calidad educativa

 También llamada encefalomielitis miálgica y síndrome de disfunción inmunológica, esta afección hace referencia a un cuadro de estrés laboral caracterizado por dolor de cabeza, irritabilidad, sensación de cansancio permanente, pérdida de memoria y disminución en la capacidad del sistema de defensas contra enfermedades (inmunológico), por lo que el paciente suele manifestar síntomas similares a los de un resfriado.
El trepidante ritmo de vida autoimpuesto por hombres y mujeres de 25 a 40 años de edad dedicados a labores ejecutivas, de negocios, de oficina y docentes comenzó a llamar la atención de los médicos a mediados de la década de 1980, cuando notaron que estas personas mostraban gradual y dramática reducción de sus capacidades físicas e intelectuales a la vez que se mostraban enfermizas. Aunque hasta la fecha se desconoce cuál es la causa concreta del padecimiento, e incluso se especula que pueden existir varios factores a la vez (algunos especialistas hablan de ciertos virus o baja producción de hormonas cerebrales), ha quedado claro que el alto nivel de estrés atrofia al sistema inmunológico, encargado de protegernos de enfermedades.
La fatiga crónica se diagnostica cuando una persona se muestra agotada por un período de seis meses, cuando el cansancio no desaparece con el reposo y cuando se muestran cuatro de los siguientes síntomas durante más de medio año:
  • Pérdida de la memoria reciente o incapacidad para concentrarse.
  • Molestias en la garganta.
  • Ganglios linfáticos hinchados en las axilas o en la garganta.
  • Dolores musculares o en las articulaciones.
  • Dificultad para dormir y descansar.
  • Dolor de cabeza.
  • Luego de hacer algún esfuerzo físico, el cansancio se prolonga más de un día.
El padecimiento suele irrumpir en la vida de sus víctimas en forma repentina o gradual, y en un tercio de los casos se presenta acompañado de síntomas similares a los de la gripe o mononucleosis (infección causada por el virus de Epstein-Barr, que se caracteriza por fiebre, faringitis y aumento del tamaño del bazo); tales problemas no ponen en peligro la vida, pero crean un grupo cada vez más numeroso de individuos confusos, desconcertados y agotados. Asimismo, se corre el riesgo de que una persona afectada por el síndrome de fatiga crónica se sienta profundamente deprimida, angustiada y devaluada al ver que su capacidad ha disminuido.
enfermedades del siglo XXI

Mobbing: síndrome de acoso.

Elaboraciones de Inclusión y Calidad educativa

 Este tipo de situaciones se da también en los colegios, mayormente en privados, ya que es una manera que se utiliza para apartar a alguien sin indemnizarlo.
Se produce cuando una persona es sometida a fuerte presión psicológica por parte de varios miembros del grupo al que pertenece o por sus superiores, especialmente, quienes buscan que renuncie a su empleo o quede desplazado profesionalmente. En el caso docente: perdida de cargo u horas cátedras, no asignación de las mencionadas, inhibir posibilidades de ascenso. Se observa cada vez con más frecuencia y se caracteriza por depresión o estado de estrés y ansiedad que, de no atenderse a tiempo, derivan en complicaciones severas.
Se ha observado que este problema es mayor en organizaciones relativamente cerradas cuya cultura interna considera al poder y al control sobre otros como valores más importantes que la productividad y la eficacia; por ello se da con más frecuencia en organizaciones con organigrama muy rígido, oficinas de gobierno, hospitales e incluso escuelas y universidades, aunque en teoría ninguna entidad, pública o privada, parece estar a salvo del problema.
Los individuos con mayor riesgo a sufrir acoso y exclusión son aquellos cuyo aspecto, conducta, valores y actitud contrastan con los de sus compañeros de trabajo, ya que su sola presencia provoca un cuestionamiento implícito sobre los símbolos, características y valores que dan homogeneidad a un grupo laboral. De este modo, los especialistas han definido tres categorías de personas potencialmente afectadas:
  • Envidiables. Son gente brillante y atractiva, pero considerada peligrosa o competitiva por los líderes del grupo, quienes se sienten alterados con su sola presencia.
  • Vulnerables. Individuos con alguna peculiaridad, defecto físico o emocional cuyo carácter suele ser depresivo; requieren afecto y aprobación de los demás y dan la impresión de ser inofensivos e indefensos.
  • Amenazantes. Personas activas, eficaces y trabajadoras que ponen en evidencia los errores que otros solapan y pretenden imponer reformas e implantar sistemas de trabajo más eficientes.
Con frecuencia la víctima es objeto de bromas que hacen mofa de su apariencia o comportamiento y de rumores e insinuaciones sin fundamento ni posibilidad de defender sus puntos de vista; además, es común que se le excluya, que se le impongan obstáculos para que realice su labor adecuadamente o que se ignoren o minimicen sus virtudes en cuanto a capacidad y rendimiento.
Asimismo, el síndrome de acoso puede manifestarse de dos formas:
  • Cuadro depresivo. Es muy parecido al síndrome de desgaste profesional o burnout, pues el paciente también se siente agotado física y mentalmente, sólo que en este caso no se identifica el origen del problema con una situación general y difícil de definir (carga excesiva de trabajo o inconformidad hacia la falta de justicia y seguridad social, por ejemplo), sino con las personas responsables del acoso o las estructuras organizacionales que imposibilitan el desarrollo profesional.
  • Estrés y ansiedad. En este caso la persona es incapaz de quitarse de la cabeza los momentos de tensión que vivió, incluso los "revive" a través de pensamientos, actitudes y sueños repetitivos; su carácter se vuelve irritable, desconfiado y rencoroso, por lo que su capacidad de interactuar socialmente se ve disminuida en forma notable. De acuerdo con algunos psicólogos es parecido al estrés postraumático, es decir, el que presentan víctimas de accidentes y agresiones, quienes no pueden olvidar lo ocurrido.
En cualquiera de estos casos es imposible que no se vea alterado el ámbito familiar, por lo que aumentan las fricciones en la relación de pareja e incluso con los hijos, y es común que la víctima de acoso o exclusión no logre entender qué está pasando y, por tanto, sea incapaz de organizar su propia defensa. El resultado final de este bombardeo es una persona con deficiente productividad, que suele ausentarse del trabajo hasta abandonar su empleo y, en casos muy severos, puede pensar insistentemente en el suicidio e, incluso, cometerlo.
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Fatiga incomprendida.

Elaboraciones de Inclusión y Calidad educativa

 El síndrome de fatiga crónica es una de las enfermedades sobre las que pesan tópicos complicados de superar. Incluso ahora sigue siendo una dolencia difícil de diagnosticar, ya que todavía hay médicos que la achacan simplemente a factores psicológicos. También se confunde, en primera instancia, con la fibromialgia (caracterizada básicamente por el dolor muscular) y con la depresión. En realidad, este síndrome tiene unos rasgos bien definidos, según explica el doctor José Alegre, responsable de la unidad del síndrome de fatiga crónica del hospital de Vall d'Hebron, de Barcelona: "Es un agotamiento con un tiempo de inicio definido y una duración de más de seis meses". Además, quienes padecen este síndrome experimentan cuatro o más de los siguientes síntomas: problemas de memoria o de concentración; dolor de garganta; ganglios linfáticos palpables; dolor en las articulaciones; dolores de cabeza; alteraciones del sueño y cansancio tras el ejercicio físico.
Por eso es una enfermedad difícil de reconocer, porque muchos de sus síntomas pueden darse en dolencias causadas por infecciones, como la gripe. "La diferencia está en que la fatiga crónica esos síntomas persisten durante meses o años, sin que tengan relación con ningún problema médico o psicológico".
El agotamiento que provoca el síndrome de fatiga crónica no se alivia con el reposo, y afecta a la capacidad de la persona para llevar a cabo su vida normal. En los últimos años se empieza a diagnosticar como causa de baja médica en el trabajo, aunque hasta hace poco todavía era una dolencia marcada por muchas versiones contradictorias. El origen de la enfermedad aún no es bien conocido, aunque cada vez cobra más cuerpo la teoría de que podría estar causado por un agente infeccioso como un virus, que provoca anormalidades crónicas en el sistema inmunitario.
Las personas que padecen esta enfermedad experimentan cansancio, dolores musculares y problemas de concentración que casi siempre se achacan, en primera instancia, al exceso del trabajo o al estrés. Se añade otro factor: la incomprensión de los que les rodean, que a menudo creen que el enfermo exagera.
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Burnout: síndrome de desgaste profesional.

Elaboraciones de Inclusión y Calidad educativa

Se caracteriza por extremo agotamiento físico y mental, bajo rendimiento laboral y pérdida de interés hacia el trabajo; su nombre en inglés hace referencia a la expresión utilizada por los primeros pacientes atendidos, luego de que se les preguntaba cómo se sentían: "fundidos" o "quemados", respondían invariablemente.
Las estadísticas han permitido confirmar que este problema es más frecuente en personas cuya profesión se basa en el trato directo con gente: como los docentes, ya que deben involucrarse en problemas y preocupaciones de otros y enfrentarse a hechos sociales dolorosos, como pobreza, violencia, etc.
Los pacientes con síndrome de desgaste profesional son muy exigentes, con baja autoestima o dificultad para manifestar sus emociones, y paulatinamente notan que "algo" les desagrada en su trabajo. De entrada consideran que su malestar se debe a inconformidad en la organización de su grupo laboral o a que se sienten cansados, por lo que toman algunos días de vacaciones; sin embargo, al reincorporarse notan que todo sigue igual, experimentan frustración y en 5% a 10% de los casos llegan al grado de sentir desgaste permanente y severo que puede ocasionar incapacidad de por vida para volver a desempeñar las actividades que venían realizando.
Los síntomas que se observan con mayor frecuencia son:
  • Falta de realización personal. La víctima de este síndrome evalúa su trabajo en forma negativa y afirma que sus actividades no le satisfacen.
  • Agotamiento. El cansancio mental y emocional genera pérdida de vitalidad, mala concentración, descuido de las responsabilidades y escasa disposición por ayudar a otros.
  • Deshumanización. Muy ligado a agotamiento, se refiere a actitudes insensibles y cínicas en quienes deben brindar servicios de atención o ayuda.
  • Manifestaciones físicas. Como en otros estados de estrés, se presentan cansancio, malestar general, dolor de cabeza, cuello y espalda, insomnio y alteraciones gastrointestinales y del ritmo cardiaco (taquicardias).
  • Problemas de conducta. Se presenta baja autoestima acompañada de actividades evasivas, como aumento en el consumo de café, tabaco, alcohol, etc. También es habitual el ausentismo laboral, bajo rendimiento, distanciamiento afectivo y conflictos con compañeros de trabajo.
  • Peleas familiares. Nerviosismo, inquietud, dificultad para la concentración, sentimiento de persecución y baja tolerancia a la frustración redundan en mala relación con los seres queridos.
Este síndrome se ve favorecido en ambientes laborales tensos, con poca motivación, competencia desleal e infraestructura deficiente, así como en centros en los que el esfuerzo individual tiene acción limitada ante hechos como pobreza, violencia, frustración, etc., lo que da lugar a sensación de inutilidad y hostilidad entre el grupo de docentes.
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Estrés laboral.

Elaboraciones de Inclusión y Calidad educativa

a.- Hace unos siglos los problemas humanos eran tan difíciles como los actuales sólo que más sencillos de describir y de comprender por los involucrados. Ante una situación de peligro el hombre primitivo huía o luchaba, esto se ha traducido de innumerables formas; ambas respuestas permitieron al hombre adaptarse y sobrevivir, ambas respuestas vienen siempre acompañadas de un gran cortejo psico-fisiológico, que constituyen parte inseparable de estrés.
Es que la propia situación estresora no es tan relevante como la percepción que el individuo tiene de ella.
El estrés puede ser un factor de motivación importante, pero tiene un lado oscuro que día a día se convierte en una realidad cada vez más cotidiana en los docentes y en general en el mundo laboral, impactando negativamente en la labor docente, en la calidad de vida y por ende en la salud social.
Se denomina "estrés" (tensión, presión), según S. Rosenzweig (1972) a la situación-estímulo que constituye un obstáculo o una obstrucción más o menos insuperable en la vía que conduce a la satisfacción de una necesidad vital cualquiera.
El estrés es también una respuesta fisiológica o psicológica que manifiesta un individuo ante un estresor ambiental, que puede ser un evento externo u otra situación potencialmente dañina.
¿Situación dañina?, ¿quiere decir que el estrés siempre es dañino?, desde luego que no, Hans Selye (1976) señaló: "Carecer por completo de estrés es estar muerto", la reacción fisiológica del estrés se inicia de forma similar a la reacción de la emoción y constituye una forma de adaptación al medio, solo que en ocasiones esta respuesta termina siendo perjudicial al organismo.
Existe una fuerte relación entre el estrés y el estado emocional del individuo que lo padece. Particularmente en el medio laboral encontramos rabia, indefensión, miedo, decepción, fracaso, culpabilidad, tristeza, vergüenza, aislamiento, insensibilidad y desánimo. (Lazarus, 1984)
El estrés laboral es el desequilibrio entre las aspiraciones de un individuo y la realidad de sus condiciones de trabajo. Es decir, es la diferencia percibida entre las demandas profesionales y la capacidad de la persona para llevarlas a cabo.
Entre las causas de estrés en el trabajo más significativas encontramos el contraste entre el sistema organizativo y la idiosincrasia personal del trabajador, los rápidos cambios ambientales y tecnológicos que llevan hacia la institucionalización, las modificaciones en el papel del docente en ciertos medios sociales; las relaciones interpersonales y la polivalencia de papeles como resultado del contexto social del trabajo.
Es importante resaltar además, el papel del tiempo y las causas del estrés ya que a corto plazo los motivos por los cuales se presenta el fenómeno se relacionan con reacciones inmediatas como sobrecargas de trabajo en tiempos limitados, confusiones y distracciones causadas por rumores, luces, ruido, hacinamiento en el trabajo y miedos personales, mientras que el estrés laboral a largo plazo se orienta a la organización del trabajo en sí, el deseo de atención de los demás y el sentido de aislamiento.
b.- Conociendo la descripción, causas y principales estresores, nos queda describir las manifestaciones de estrés laboral a través de efectos subjetivos, conductuales, cognoscitivos, fisiológicos y organizacionales.
  • Los efectos subjetivos más comunes que señalan la presencia de estrés laboral son: ansiedad, agresión, apatía, aburrimiento, depresión, fatiga, frustración, culpabilidad y vergüenza, irritabilidad y mal humor, melancolía, poca estima, amenaza y tensión, nerviosismo y soledad.
  • Entre los efectos conductuales más comunes encontramos la propensión a sufrir accidentes, arranques emocionales, excesiva ingestión de alimentos o pérdida del apetito, consumo excesivo de bebida o de cigarrillos, excitabilidad, conducta impulsiva, habla afectada, risa nerviosa, inquietud y temblor.
    La incapacidad para tomar decisiones y concentrarse, olvidos frecuentes, hipersensibilidad a la crítica y bloqueo mental son algunos de los efectos cognoscitivos más comunes.
  • En cuanto a los efectos fisiológicos encontramos aumento de catecolaminas y corticoesteroides de la sangre y de la orina, elevación de niveles de glucosa sanguínea, incrementos del ritmo cardíaco y de la presión sanguínea, sequedad de la boca, exudación, dilatación de las pupilas, dificultad para respirar, escalofríos, nudo en la garganta, entumecimiento y escozor en las extremidades. (Valdés y Flores, 1990)
  • A nivel organizacional encontramos señales como ausentismo, relaciones laborales pobres, baja productividad, alto índice de accidentes, clima organizacional pobre, antagonismo e insatisfacción en el trabajo.
Diversos son los factores pueden modular la respuesta a los elementos que generan estrés, siendo los principales la constitución personal y hereditaria y el carácter, la cultura y la educación.
Integrando lo anterior, debemos resaltar algunas razones por las cuales los directivos deben preocuparse del estrés de sus docentes:
Es importante considerar que los docentes se sienten más satisfechos cuando su entorno laboral es seguro y confortable.
consejos-5-para-controlar-el-estres-en-el-trabajo